En el mes de agosto, tengo a unos
cuantos seres queridos de cumpleaños. Además mis abuelitos están de aniversario
de matrimonio, quienes ya sobrepasaron las bodas de oro. Pero no sólo
personas y rituales cumplen años en el mes de los gatos, pues los objetos
también acusan recibo del paso del tiempo, y también reciben nuestro cariño… En
mi caso particular es un objeto que es prácticamente una extensión de mi cuerpo
y mente: mi guitarra.
El recuerdo está intacto, la
compré a principios de Agosto del año 2005. Quería tener algo mejor… sé que es
una buena guitarra electroacústica, es decir buena para tocar en vivo, mas no
es una excelente guitarra clásica… pero vamos, es mi guitarra y no suena mal.
Quienes han compartido escenario conmigo saben lo apañadora que es y lo quisquilloso
que soy para prestarla o que la toquen.
Recuerdo que me la compré a crédito
y con la esperanza de estrenarla en un evento a beneficio, del cual era
cabecilla y organizador, desde la cocina a la parrilla artística. La cosa es
que terminé haciendo de todo en el evento, incluso animando y no alcancé a
hacer mi número artístico… Como dato anecdótico, por ese evento recibí
literalmente el pago de Chile… Con suerte recuerdo haber escuchado en algún
balbuceo la palabra “gracias” y unas promesas vagas acerca de los resultados
del aporte que se logró con dicho evento, poco, pero algo al fin y al cabo.
En fin, esa es otra historia,
sigamos con mi guitarra. Ella cumple diez años a mi lado, y ésta como el vino.
Si la vieran, no pensarían que es un instrumento de diez años. Creo firmemente
que nuestros objetos personales son de algún modo proyecciones mentales
nuestras, es decir, son de alguna forma explicaciones no verbales de quienes
somos y cómo nos comportamos. A estas alturas, alguien puede pensar que le
estoy dando demasiado valor a un objeto inerte… Pero no es eso: me refiero al
trato que le damos a ese objeto, en mi caso, ha sido el de un cuidado máximo
pues es una herramienta de expresión y trabajo, y además es un símbolo de mi
trabajo por el esfuerzo representado en su adquisición.
Me acompañó en mis primeras
presentaciones hasta las actuales, he grabado mis tres discos con ella y me
acompaña ahora en el cuarto. Cuando pueda adquirir una de mejor calidad, creo
que por el cariño que le tengo la seguiré teniendo… o tal vez para adquirir una
nueva deba venderla… casi como la donación de un órgano para prolongar una
nueva vida, espero que en ese caso, sea una vida fértil en creación musical
de algún otro músico.
Por el momento sigue conmigo, al
infinito y más allá...





